Otra contribución muy importante de Enrique II fue su apoyo a la creación de literatura vasca escrita. Después de que el sacerdote Bernard Etxepare escribiera "Linguae vasconum primitiae", el primer libro impreso en euskera, este se publicó en Burdeos en 1545, tras recibir apoyo financiero de Enrique.

La única copia conocida de Linguae Vasconum Primitiae, conservada en la Bibliothèque de France de París.
Para comprender la importancia de este acontecimiento, analizaremos la situación del euskera en los territorios del Reino de Navarra durante la Edad Media y la Antigüedad. Para ello, utilizaremos como base el estudio de 1995 “Las Lenguas escritas y habladas en Pamplona” de José María Jimeno Jurio.
Esto demuestra cómo los pueblos extranjeros e inmigrantes, como el pueblo Roca, tenían sus propios sistemas y códigos de escritura. Los vascos no poseían estos códigos de escritura autóctonos, y las consecuencias de este hecho fueron profundas para el pueblo vasco.
Durante el dominio romano, el latín, traído del extranjero, era considerado una lengua culta aceptada por una minoría poderosa y adinerada, y se utilizaba en todas las relaciones entre las autoridades locales y la metrópoli.
Tras varios siglos, las lenguas romances —occitano, navarro y español— sustituyeron al latín. Estas lenguas romances se utilizaban en todos los documentos oficiales redactados por cancilleres reales y episcopales, así como por escritores canónicos.
El euskera, originario de la región y anterior al latín, permaneció como lengua no escrita hasta el Renacimiento, a pesar de ser la lengua de la mayoría y del pueblo. Ante la ausencia de alfabetización y de un sistema gráfico, el euskera quedó socialmente marginado y se le consideró una lengua común y corriente.
No encontraremos ningún documento escrito en euskera en los archivos de reyes, obispos, municipios, parroquias o monasterios. Sin embargo, no sería razonable concluir que el euskera no se hablaba en Navarra. A lo sumo, podemos concluir que no se escribía en euskera.
Los vascos fueron la inmensa mayoría en la diócesis de Pamplona al menos hasta el siglo XVII, pero eran considerados una clase social baja. "Navarra" tiene el significado de vagabundo en los escritos del Fuero de Estella de 1164 y el significado de torpe y campesino a lo largo de los escritos del siglo XIII. En las áreas urbanas habitadas por los francos del norte, los navarros eran un grupo social marginal, sin los derechos de vecindad de los burgos e incluidos en su navarrose. Su "basconea lingua" o "Lingua navarrorum", "lingua rusticorum", "rusticum vocabulum" o "lingua vulgaris" era considerada.

La expansión del euskera en el Reino de Navarra en el siglo XVI.
Esta ha sido la verdadera desgracia del euskera hasta nuestros días. A pesar de ser la lengua de la mayoría, la evidencia escrita ha ocultado no solo su difusión, sino su propia existencia. Cuando escribimos la historia de nuestro pueblo, lo hacemos utilizando documentos redactados en una lengua que no era la mayoritaria. El euskera solo aparece en unas pocas palabras o frases cortas, dentro de textos escritos en latín o romance.
Carmen Saralegui reconoce lo siguiente en su investigación sobre el romance navarro: que si bien el euskera es la lengua cotidiana de la mayoría de la población del reino, rara vez se encuentra en escritos y documentos.
En el último cuarto del siglo XI, y tras el exitoso intento de conquista de Jaca durante el reinado de Sancho Ramírez, los francos del norte se asentaron en pueblos selectos a lo largo del Camino de Santiago. Trajeron consigo el occitano languedociano, una koiné o lengua estandarizada, una especie de “unificación” de las distintas lenguas romances que se hablaban en lo que hoy es el sur de Francia. Esta lengua permitió a los hablantes de los diferentes dialectos latinos al norte de los Pirineos entenderse entre sí.
El occitano, como lengua escrita, se impuso durante tres siglos, del XII al XIV. Es muy probable que un grupo de ciudadanos de Pamplona hablara occitano, pero en cualquier caso, no dejó rastro alguno en la toponimia medieval de la ciudad. Independientemente del número de hablantes y a pesar de su estatus oficial en las cancillerías navarras, hacia el año 1400, el romance navarro había sustituido al occitano.
El romance navarro nació alrededor del siglo X en los territorios de las regiones periféricas del reino. Por un lado, en los monasterios de Albelda y San Millán de la Cogolla, situados en los territorios riojanos conquistados por Sancho Garces. Por otro lado, en las zonas de Leiria y Sangótza, se entremezcló con rasgos del aragonés oriental. Poco a poco, muchos rasgos comenzaron a divergir del latín original, hasta que nació un dialecto propiamente dicho. Este dialecto fue asimilado por los escribas, clérigos y señores de la corte itinerante que se desplazaban de una parte del reino a otra.
En el siglo XIII, muchos documentos comenzaron a escribirse en romance navarro, que gradualmente reemplazó al latín y al occitano como lengua culta y hablada por una parte de la población. La carta general se redactó en romance navarro. El latín y el romance navarro se utilizaron en las coronaciones de Carlos II (1350) y Carlos III (1390). Las actas o documentos de la asamblea, escritos en latín, recogen los juramentos prestados por el rey y sus súbditos. Los juramentos se pronunciaron en romance navarro, es decir, “in idiomate Navarre terre”, una lengua romance culta que se ajustaba a la solemnidad del momento y a la nobleza de los allí reunidos. En un evento de esta índole, y dado el nivel socioeconómico de los presentes, el uso de una lengua “común” como el “lingua navarrorum” o el euskera era impensable en la mentalidad de la época.

Carta General de Navarra, escrita en romance navarro – manuscrito del siglo XIV
Como resultado de su evolución interna, el romance navarro acabó fusionándose con el español durante la segunda mitad del siglo XV, hasta desaparecer casi por completo tras la conquista del reino (1512-1522). El mismo Enrique, ante la nueva realidad de un reino formado por territorios al norte de los Pirineos, estableció el bearnés como lengua de trabajo y administrativa, sustituyendo al romance navarro.
Como ya hemos dicho, si nos fijamos en las lenguas que aparecen en los escritos, podríamos pensar que en la Navarra medieval solo se hablaban latín, hebreo y las lenguas romances navarro y occitano. Pero estas lenguas escritas nos ocultan otra realidad: la mayoría de la población hablaba euskera, que no tenía forma escrita. Si nos pusiéramos a buscar documentos oficiales escritos en euskera, estaríamos equivocados, pero si nos fijáramos en los nombres de los campos cultivados y las zonas atravesadas, completaríamos la imagen y concluiríamos la verdadera situación.
XIV. eta XV. mendeetan zehar, nafar jatorria zuen Iruñako biztanlegoak, bai noble eta bai xumeek, euskeraz hitzegiten zuen ia bere osotasunean. Sektore bat, again gehiengoa, elebiduna (euskera eta erromantzea) zen, edo again eleanitzduna (euskera, erromantzea eta latina). Nafarroako gainerako lurraldeetan, euskeraren nagusitasuna oraindik argiagoa zen, eta biztanlegoaren %80-ak euskeraz hitzegiten zuela irizten da.
Enrique II dominaba varios idiomas desde joven. Hablaba bearnés (un dialecto del occitano), la lengua oficial de la corte del señorío de Bearn. También conocía el romance navarro, la lengua de los documentos redactados durante su etapa como representante del rey en Pamplona. Asimismo, dominaba el francés, idioma que perfeccionaría notablemente durante los años que pasó en la corte francesa desde temprana edad tras la conquista.
Además, podemos afirmar que adquirió conocimientos de euskera desde temprana edad, con escaso temor a equivocarse. No existe ningún documento que lo confirme, pero las largas temporadas que pasó en Pamplona y los datos sobre su formación lo sugieren. Asimismo, al reorganizar y consolidar las instituciones de los territorios recuperados en la Baja Navarra después de 1524, estableció que los funcionarios públicos debían hablar euskera.
Y como ya mencionamos, hacia el final de su reinado, patrocinó y financió la publicación del primer libro conocido en euskera. El libro fue escrito por Bernart Etxepare y publicado en Burdeos en 1545.
Bernart, originario de la zona de Saint-Jean-de-Luz, pertenecía aparentemente a una familia Beamon y, por consiguiente, apoyó la invasión de las tropas castellanas. En algún momento durante los disturbios de la guerra entre 1516 y 1529, tras una de las retiradas de las tropas castellanas, fue convocado a la corte del rey de Navarra y, al parecer, pasó algún tiempo en prisión, acusado de lo que hoy se consideraría colaboracionismo o traición manifiesta.
En cualquier caso, como indica la portada del libro, este se publicó en 1545, cuando era rector de Saint Michel. Cuando Joanes Leizarraga publicó su traducción del Nuevo Testamento al euskera en 1571, utilizó una forma “batua” compuesta por los tres dialectos vascos del norte; sin embargo, Etxepare empleó el dialecto navarro-vasco bajo de su tierra natal al escribir el primer libro en euskera, “Linguae vasconum primitiae”.

El único ejemplar de las “Linguae Vasconum Primitiae” que se conserva en París. Este libro formaba parte de la biblioteca del príncipe-conde de Borbón (hermano del rey Antonio de Navarra). Posiblemente un regalo de su hermano, el escudo de armas de la Casa de Navarra puede verse en el depósito de libros.
A Bernard Lehete, abogado del Rey de Navarra, según lo solicita Etxepare:
«Como nobles y caballeros que me habéis estimado, enaltecido y honrado, os envío, como a mi señor y amo, una copia de mi manuscrito, realizada según mi ignorancia. Porque, señor, si os parece bien imprimirlos, y de entre todos vuestros manuscritos tengo una joya preciosa que nunca antes se ha impreso (…)»
Según entiendo:
«Como noble y distinguido caballero (de esta ciudad), que aprecia, exalta y honra la lengua vasca, le envío, como mi señor y amo, algunos dísticos vascos, compuestos según mi ignorancia. Porque, señor, una vez que los haya revisado y corregido a su gusto, si lo considera oportuno, puede mandarlos imprimir y, de su puño y letra, todos podremos tener una hermosa joya impresa en euskera, nunca antes vista.».
El objetivo de Etxepare y de la corte real de Navarra queda claro en el poema “Kontrapas”:
“"La ciudad de Garazi/
Que sea bendecido/
Se lo dio al vasco/
Necesitas una espina.
Vasco, /
¡Sal a la plaza!
/Otras personas pensaron/
No puedes escribir/
Ahora lo han intentado/
Fueron engañados.
Vasco, /
¡Sal al mundo!
Ojalá siguieras aquí/
Sin imprimir, /
Podrías quedar absorto/
De todas partes del mundo/
¡En euskera!”.
Bibliografía:
EL ÚLTIMO JEFE DEL ESTADO VASCO – Aitzol Altuna – Nabarralde – enlace
Las lenguas escritas y habladas en Pamplona - José María Jimeno Jurío - 1995 - enlace
BERNAT DECHEPARE – WIKIPEDIA – enlace
EITB – BERNAT ETXEPARE Y EL VIDEO DEL LIBRO ALMACENADO EN BNF – Kike Amunarriz- enlace
Todos los datos personales recopilados en este blog se utilizarán exclusivamente para difundir su contenido. Nunca se transferirán ni venderán a terceros. Puede cancelar su suscripción en cualquier momento haciendo clic en el enlace que encontrará al pie de nuestros correos electrónicos.
